domingo, 28 de septiembre de 2008

ARTIGOS E REFERENCIAS NOUTROS MEDIOS



ARTIGOS E REFERENCIAS
noutros medios




Á miña Xosefina,
tanto estes artigos coma o resto da miña obra literaria;
a esta dona que mo deu todo:
Dous fillos, dos que foi a mellor mestra imaxinable.
Unha felicidade matrimonial ininterrompida.
Compartimos, co mellor dos ánimos, aventuras e desgustos.
Administradora, pero no avarenta.
Estimuloume no traballo e nos estudos,
pero tamén na creación literaria.
¡Por se isto fose pouco, una cociñeira insuperable!
¿Estas débedas son pagables?
¡Que Deus o faga por min, pois eu, nin podería nin sabería!


Xosé María Gómez Vilabella

 -oOo-



NA VOZ DE GALICIA
-.-

5-10-1987
Salmerón y Galicia


En la sec. Cartas al Director.

Respecto al erudito artículo que en La Voz de Galicia del pasado día 19, en “Historias Centenarias”, firmó José Antonio Durán sobre Salmerón, me agradaría decir algo anecdótico y personal por lo que significa para confirmar la vinculación íntima, familiar, de los Salmerón a Galicia, y más concretamente a Lugo.
Mi “autoridad” sobre el tema me viene de un soberbio e inolvidable bofetón que me proporcionó mi padre, en plena guerra civil, -tendría yo de 8 a 9 años-, por mi afición y presunción en llevar a la escuela de Maxide (Montecubeiro) unos pañuelos de seda natural con una perfecta estampación del rostro de D. Nicolás (el padre de mi tío) orlados con la bandera tricolor, que teníamos ocultos en casa. Lo de menos era el fru-fru de la seda; lo que me emocionaba era la ocasión de mostrar a mis compañeros de escuela y al maestro, en sus propias narices, mientras me hacían cantar con ellos el “Cara al Sol”, aquellos pañuelo tan subversivos que eran el orgullo de mi familia.
Para el piso que tuvieron los Salmerón en Lugo precisaron una doncella de buen ver, y la candidata que obtuvo el puesto fue mi tía-abuela Ramona (Ramona Hortensia Lombardero San Miguel, natural de Catatrigo, Lugo). Tal era su belleza y su talento natural que se enamoró de ella el hijo de D. Nicolás, Nicolás Salmerón y García; con ella casó, y a través de mi tía (la recuerdo perfectamente de su último viaje a Galicia, a Montecubeiro, en el verano de 1935, que tenía yo 5 años) los Salmerón fueron gallegos adoptivos, siempre vinculados a Galicia en lo afectivo y en su profunda democracia, que no demagogia. El hecho mismo del matrimonio de Nicolás Salmerón y García, letrado, periodista y farmacéutico (tuvo su farmacia en Madrid, en la calle General Pardiñas), y una serie de anécdotas que conozco a través de mis parientes y que omito aquí por brevedad, hacen asombroso el apego y el afecto de los encumbrados Salmerón hacia Galicia y todo lo gallego. Aludiré tan sólo al mecenazgo y apoyo que dieron, tanto el padre como luego el hijo y la nuera, a las gentes de Lugo, desde proporcionarles empleos en Madrid hasta tutelar los modestos principios de quienes luego serían próceres de la política y de la cultura; entre otros, Julián Besteiro (familia del Corgo), Manuel Cordero Pérez, (de Castroverde), y el ingeniero Carlos Fernández (Montoutiño), al que se debe el empedrado de la carretera Lugo-Fonsagrada-Grandas.



El panteón de los Salmerón (en el cementerio civil de Madrid, frente al de Pablo Iglesias; hoy sin las coronas de bronce dedicadas por los ayuntamientos de Barcelona y de París, pero aún grandioso), es todo un poema romántico, que también acoge sus afectos gallegos pues allí reposa mi tía Ramona, y también la hija adoptiva de los Salmerón, huérfana de padre y madre desde la cuna, y de la misma procedencia, Ramona Carmen Lombardero Gómez. Como broche definitorio de la gran humanidad de esta familia, la inscripción, para la gran Historia, de cómo Nicolás Salmerón y Alonso (el padre de mi tío) abandonó el poder, la Presidencia de la República nada menos, negándose a firmar unas sentencias de muerte.
Sin aquel injusto bofetón yo habría tenido menos interés por la Historia de Galicia, y también por la de España



Salmerón, pai e fillo, na foto que temos nós.



José Lombardero Gómez, coa súa segunda esposa,
e cos meus fillos, Pedro Paulo e Estela,
en Santander, ano 1977

Apostilas actuais: José Lombardero, orfo desde a infancia, foi recollido pola tía Ramona, e viviu moitos anos cos Salmerón, en Madrid. Faleceu en Xuño do ano 2010, aos 103 anos de idade. Visto desde hoxe, parécenos a cousa máis natural do mundo a supresión das penas de morte, decisión que lle custou o cargo a Salmerón, pero..., daquela?

Xosé María Gómez Vilabella
-.-

29-11-1987
Nuevas e inesperadas revelaciones acerca de la presencia de Nicolás Salmerón en Galicia.


Por José Antonio Durán

En este oficio solitario y oscuro de escribir, el misterioso conjunto sin faz que integra el género sociológico de los lectores, se hace carnoso y transparente muy de vez en vez. Yo cuento entre mis orgullos más legítimos haber mantenido siempre dialogo abierto con quienes se toman la molestia de escribirme o de llamarme, para rectificar o confirmar alguna de nuestras afirmaciones. En tal sentido, la “carta al director” de José María Gómez Vilabella que “La Voz de Galicia” publicó el pasado 5 de octubre, a propósito de nuestra historia sobre Salmerón, fue una gozada sin fin.
La misma manera de estar concebida. Con el lógico bofetón paterno, por añadidura. Andar luciendo por las escuelas bélicas de la retaguardia franquista “pañuelos de seda natural, con una perfecta estampación del rostro de don Nicolás orlado en la bandera tricolor” de la República, en plena guerra civil, ¡y en Galicia!, era demasiado. Frente a la atronante locución de catolicismo cruzado militante, aquel símbolo de liberalismo progresista, con su toque masónico, con el plus de tolerancia y librepensamiento, algo así como evocar al diablo en clásica estampa de predicador. ¡Con figura angelical de niño, para mayor escarnio!
Las restantes referencias no tienen desperdicio. Casi increíble, por ejemplo -de no provenir de su sobrino-nieto- el esbozo de historia de amor de Ramona Lombardero San Miguel, realísima versión de la cenicienta llegada como sierva común desde la aldea de Catatrigo a la casa luguesa del ex-presidente de la Primera República española, para matrimoniar después con uno de sus hijos, nutriendo así de savia gallega el emotivo mausoleo del cementerio civil de Madrid. Y para postre, como si nada, esa pista -tan cargada de sentido- hacia Besteiro y Manuel Cordero, líderes históricos del PSOE, engarzados también con la casa de los Salmerón por gracia de sus relaciones con Galicia. Todo viene a redondear un asunto que nosotros habíamos planteado con indudable modestia, pero que ahora se convierte en motivo digno de reconsiderar, integrando tan gozosas, desconocidas e inesperadas aportaciones.
Esta es, justamente, la historia que a mi me gusta practicar. La que se cuela por el corpachón vivaz de las figuras, hasta dar sentido carnal a los personajes: hijos de padre, con amores y locuras y pasiones que compartimos, que son las nuestras.
Mi crónica brincaba, acaso con demasiada violencia, por encima de la primera estancia dilatada de Nicolás Salmerón en Galicia. Conviene saber que, mercede a la tesis -recientemente publicada- de Ángel S. Porto Ucha, contamos ahora con materiales de alto interés para reconstruirla.
Saben, sin duda, muchos lectores que quien fuera en su día presidente de aquella efímera República llegó a la ciudad de Lugo desterrado, como consecuencia -mucho más aparente que cierta- de su rechazo de las reglamentaciones metidas desde el poder en la enseñanza. Insisto en el detalle de que, según mi parecer, el motivo desencadenante -un plante académico cargado de sentido- no se corresponde con la dureza de una sentencia que conlleva cárcel o destierro. Tales persecuciones tienen que ver -en mi concepto- mucho más con otra cosa. Permítaseme que la formule de este modo: la Restauración del rey Alfonso, como consecuencia de la guerra carlista, no trajo represión, pero si represalias.
Primaba entonces -contra el parecer del propio Cánovas del Castillo- el criterio del Partido Moderado (así se le llamaba, pero era intolerante y exclusivista, brazo político de aquella “¡iglesia católica, sola, sola!”, por que clamaba uno de sus prelados). Desbaratada la República, restaurado el sistema monárquico en la persona del joven rey, la andanada contra unas libertades conseguidas en el pasado “sexenio revolucionario” puede parecer consustancial al nuevo régimen. Es una falsa imagen, sin embargo. El gesto de Salmerón, seguido por otros muchos catedráticos y profesores de renombre (donde descuellan tantos personajes gallegos del mayor prestigio), aparece cargado de dignidad y de sentido. Su remate más llamativo será el nacimiento de la Institución Libre de la Enseñanza, pieza angular en la formación de cierto estilo de élite, que configura una manera de ser, llamada a alcanzar poder y notoriedad indiscutible en el marco de ciertos sectores muy influyentes del liberalismo español.
Liberalismo / Jesuitismo

El acontecimiento, de verdadera importancia para nuestra historia contemporánea, no debiera divorciarse sin embargo de la nueva armadura de prestigio alcanzada por la enseñanza -igualmente de elite- de los jesuitas que, como en el caso de la Institución antes citada, también están escribiendo páginas históricas en tierras gallegas por entonces. Mas -para lo que aquí importa- bastará con retener la circunstancia de que, entre la llegada del desterrado (abril de 1875) y la firma de las bases institucionistas (marzo de 1876) se nuclea la primera estancia de Nicolás Salmerón entre nosotros. Es entonces, concretamente, cuando la bella Ramona (casi una niña, suponemos) entra en el servicio de la casa de quienes han de ser -¡quien lo diría!- sus futuros suegros.
No será, sin embargo, en el casamiento de la sirvienta con el hijo -boticario y periodista (también era abogado, aclaro yo)- de Salmerón en lo que quiero reparar. Atendiendo a la serie de documentos que nos quedan de su estancia podemos advertir que lo mismo en la casa luguesa que en la otra, solazada, de sus ocios estivales, no parece entreverse nunca la cárcel del apestado repúblico. Es más bien el santuario civil de un dirigente canónicamente respetado. Apagando la lógica soledad de las primeras horas, la propia correspondencia de Salmerón nos va poniendo en contacto con nombres y apellidos del país de la mayor notoriedad, metidos de lleno en la causa del liberalismo en sentido amplio (y hasta en el estricto y partidario de su personalísimo estribillo político).
El regreso a Galicia cada verano, una vez vuelto del exilio francés, parece excelente prueba del apego demostrado por los Salmerón a una tierra que les abrió, por así decirlo, liberalmente, consintiendo a tope su actividad, aparentemente marginal; pero orientada -con toda intención- hacia la batalla académica y política por el restablecimiento de libertades otrora conquistadas.
El otro destierro
Hasta aquí, como vamos viendo, el nuevo Régimen -haciendo uso de las represalias que decía-, no dejó de mostrarse moderado y hasta conciliador. Al fin y al cabo, la Institución Libre de la Enseñanza -sin apoyos institucionales, todavía- echó a andar a su paso saludable, abriéndose a vientos, nada libertinos, de inmediatas serranías. Todo sin mayores contratiempos, aunque la beatería dominante pudiera hacernos creer otra cosa. Pero Nicolás Salmerón y muchos de sus prohombres no ponían en ella el punto y final de sus actividades públicas. A ninguno de sus significados históricos había renunciado, ni siquiera a la peculiar versión obrerista del socialismo que lleva su marca, o a la estructuración de España en estado federal, o a poner al rey, como se hiciera con su madre, de patitas en la frontera.
Otro día veremos con mayor detenimiento cómo fue el trajín de uno de nuestros paisanos más eminentes -Eduardo Chao- quien venció la incomunicación exterior del personaje, estableciendo contactos precisos con todas y cada una de las funciones republicanas de 1875, hasta fundirlo con Manuel Ruiz Zorrilla (a la sazón exiliado en Francia) en la experiencia -constantemente conspirativa y con espolea armada- del Partido Reformista. Su manifiesto fundacional, dado a conocer en Galicia -entre ahogada expectación- por El Diario de Santiago, precipitó el segundo destierro de Salmerón, ahora lejos de las tierras españolas. El régimen podía consentir muchas libertades, públicas e institucionales, pero distingue perfectamente entre dinamita y fuegos de luces.
Al regreso de esa cabalgada por el desierto me referí en la crónica precedente. Reconciliado con el amplio margen de libertades formales que Sagasta había conseguido, Salmerón -sin renunciar a nada- quiere jugar sus propias bazas electorales. Hacía notar, en este contexto, el hondo significado de su regreso a la tierra gallega de 1886 y 1887, cuando el personaje y su partido -dados los acontecimientos que se engarzan en torno a la figura de nuestro paisano Villacampa- ha de tomar nuevamente (aconsejado por sus amigos políticos de aquí) decisiones de evidente alcance.
-.-


3-6-1993
Cabalgata lucense en recuerdo de la peregrinación de Alfonso II



Lugo – Redacción
Las asociaciones culturales Espalladoira y Vecinos, de Castroverde; Neireo, de Baleira; y la de Amigos do Camiño Primitivo organizan una cabalgata medieval para el próximo día 20, con la que pretenden conmemorar la peregrinación del rey Alfonso II el Casto.
El programa previsto se iniciará con la salida de autobuses desde Castroverde hasta el puerto de A Vaqueriza, donde se rememorará la llegada de Alfonso II, con la escenificación de la bienvenida al rey de Asturias por parte de Martín de Bolaño, mayordomo de don Lope, señor feudal de Castroverde; el rey llegará a caballo.
-.-



17-3-2007
A vida é unha feira global



Óscar Cela
Xosé María Gómez Vilabella presentou en Sargadelos o seu último libro titulado “As feiras de Castroverde no século XX”.
LA VOZ / LUGO
A Asociación Amigos do Patrimonio de Castroverde foi a encargada de presentar na Galería Sargadelos o libro As feiras de Castroverde no século XX, cuxo autor é Xosé María Gómez Vilabella. O escritor estivo acompañado por Manuel Muñiz, presidente da asociación, Rodríguez Eguíbar, director do Xacobeo, e o xornalista Carlos Vázquez que, aproveitando diversos aspectos recollidos neste traballo, relatou vivencias escoitadas ao seu propio avó, un ferreiro que ía espalmar o ferro e o aceiro ao mazo de Goi, despois de atravesar a pé a distancia que separa a Láncara de Castroverde.
Gómez Vilabella comezou a súa elaborada exposición referíndose ás feiras como algo inherente á nosa civilización. “Arrancan do Paraíso Terreal”, argumentou o tamén artífice de Historias intra da bisbarra, para ao pouco exclamar Do ut des, que traducido do romano sería douche para que me deas. O autor aludiu a que a ciencia do troco recollérona os romanos e chegou ata a nosa época, presa das comunicacións como internet, telefonía sen fíos e outras maneiras de mercantilismo vestidas dunha “auctoritas real pero invisible”, salientou o estudoso.
Na primeira parte do libro emprega a poesía para repasar a esencia dunha feira achegada, a da súa Castroverde. Xa en narrativa, ao longo da obra tamén se fala dos artesáns que tiñan que ir ás feiras para vender os seus produtos. Sen embargo, Vilabella alertou que “das feiras en plural estamos pasando ao singular”, xustamente neste mundo máis universal anque máis individualista e afirmou que das comarcais pasamos á feira globalizante. “A vida é unha feira convertida nun intercambio a ritmo de progresión xeométrica”, sinalou o escritor, zoqueiro e directivo xubilado de Banca.
Referíndose ao Camiño de Santiago como vieiro de cultura e prosperidade, lembrou a súa experiencia no Aaiún, onde puido conversar cos tuaregs que baixaban ao Congo e retornaban por Mauritania ou collían cara a Alxer e Tunicia. Facendo un paralelismo con nós, aparte do rezo, dixo, había unha motivación económica detrás, cuxo protagonista eran as feiras onde paraban.
A conclusión de Gómez Vilabella foi que xa quedou anticuado falar como antano da feira segundo nos foi nela. No sucesivo, dixo, haber que “falar da feira segundo e como actuemos nela”. E referíndose a este evento como un patrimonio, repetiu o dito por Enriqueta Otero: “Moito é o recibido, así que moito hai que conservar” (Que conservar, que ampliar e que transmitir, engadín eu).
-.-

9-1-2010
Presentado en Castroverde un libro sobre a historia local

As malas condicións da rede viaria desluciron o acto de presentación do libro Castroverde na historia e no presente, que tivo lugar onte no colexio público.
O propio autor, Xosé María Gómez Vilabella, non puido asistir, aínda que estiveron o alcalde, o subdelegado, e presidentes de asociacións locais e de Lugo. Haberá outro acto proximamente.
-.-

13-1-2010
Tribuna. José Ramón Ónega
Castroverde y la nieve

Entre las noticias de la nieve hubo una que me interesó. No por su gravedad, sino por su relieve. La cultura es campo donde se forja el espíritu de los que nos bañamos en el río de los sueños. Ocurrió en Castroverde, donde las malas condiciones viarias impidieron la presentación de un libro. O sea, la nieve, ese fenómeno meteorológico y poético.
Al acto llegaron las autoridades, pero no pudo llegar el autor, mi amigo Xosé María Gómez Vilabella. La cultura está por encima de las cloacas sociales, de la política contumaz y mísera. La cultura es indestructible, pero los elementos han boicoteado sus alas. Y eso ocurrió en Castroverde, el pueblo del más hermoso nombre del mundo. Hay topónimos líricos en todas partes. Son hermosos los nombres de Madrigal de las Altas Torres, Alcalá de los Gazules, y por ahí. Pero Castroverde trae gritos de los castros, del paisaje lujurioso de esta tierra heroica limítrofe con Pol. Castroverde es el castro verde de los que soñamos la Historia e imaginamos los héroes.
Yo aprendí los primeros chispazos del pasado en Xosé María Gómez Vilabella, un hombre de amplio recorrido cultural y amor indestructible por la tierra. Se despertó en mí la fe en las raíces con aquel libro suyo, que guardo como un diamante, Castroverde, bosquejo histórico geográfico. Durante décadas fue mi libro preferido; mi referencia de mi solar natal, de mi Pol en la distancia.
Ahora, Gómez Vilabella escribió Castroverde na historia e no presente. Seguro que es una llama para calentar el corazón en esta invernía de nieve y vientos gélidos. La nieve que no le permitió llegar a Castroverde para presentarlo, la convertirá él en poesía y música del heroico pasado de nuestras bravas gentes.

EL IDEAL GALLEGO
-.-

31-3-1988
Zoqueiros reconvertidos


Gil de Bernabé, ao firmarme un exemplar da súa brillante, -tanto de contido como de continente-, “Galicia Artesana”, fíxome unha faena retranqueira poñendo non sei que de “...zoqueiro reconvertido”. Afellas que moi amolado me deixou: ¡Non hai zoqueiros reconvertidos, señor Gil de Bernabé! Somos desertores do ripeiro..., ¡igual que os hai do arado!
Matinando nas zocas, cheguei a esta conclusión: A zoqueiría non morreu, non pode morrer; estivo trinta ou corenta anos en fase de crisálida, esperando que chegase a robótica fabril. Vexamos:
As zocas, de madeira lene e non porosa, con poros que se pechan ao humedecerse (bidueiro, ameneiro, etcétera) son o calzado ideal e quente para todo tipo de terreos brandos e húmidos; tal ocorre nas cortes do gando, no xardín, na horta, e nos prados. Os zocos teñen o seu aquel nos peiraos e na labranza das terras. As botas de goma rozan as pernas, e malamente serven para a pesca. Os zapatos de coiro só valen para o asfalto.
Quizais que deba ser, primeiro, subxectivo: ¿Por que desertei, xa que logo, do ripeiro, das gubias, dos trades, das lergas, ou llergas (ás que meu pai chamaba “alegres”, porque o seu bo uso alegra as zocas) ...? Moi sinxelo: Eu traballaba en madeira seca, como meu pai me ensinou, para que as zocas non fendesen, revesen, ou mancasen; e ademais dáballes planta “de zapato” (agora diríase, anatómica). Traballando así rendíase pouco; eu levaba ao lombo un saquiño de zocas a cada feira das de Castroverde, mentres que na pedra do lado o Pintor, de Luaces, presentaba tres ou catro sacos delas, que os levaba no coche de Higinio de Piñeiro. Foi unha competencia desleal porque as del eran máis pobres, pero como facía moitas, vendíaas máis baratas. Esboroeime e retireime; ¡funme para o cuartel, ao Ministerio do Ejército! Pero iso non significa que me reconvertese, non, pois sigo tendo as mesmas ideas desta..., arte?, só que agora penso en termos industriais, informáticos. Vexamos:
¿Que pasaría se montásemos un gran taller dotado do seguinte material?
. Sensores que acariñen o pé para transmitir a súa forma a un pantógrafo de volumes.
. Un programa informático que admita as variables transmitidas polo pantógrafo. Estas “plantillas” poden conservarse e reutilizarse, como fan os modistos cos patróns das súas clientas.
. Unha cabeza de coitelas parabólico-helicoidais que escaven os toros da madeira, por dentro e por fora, dando a forma anatómica do pé do cliente -da plantilla-, e deixando, xa que logo, un grosor proporcional e axeitado, distribuído, na forma exterior da zoca. Nada de ollo de bo cubeiro, que foi o gran promotor dos calicidas.
. A cousa do repenico é persoal; nada de robot. O repenico é arte. Despois pódense vernizar á máquina; iso si.
. Por último, nada de venderlles as zocas aos turistas para que as mancillen mostrándoas como calzado vexetal das tribos de Breogán. Non, por certo: as zocas “á medida”, feitas de encarga en fabriquiñas robotizadas, -mesmo a carón das fábricas do caldo, esas que fumean chamando a atención dos turistas parvos-, deben venderse para o seu uso habitual e práctico, san e cómodo, da nosa xente; como atavío, e mesmo como ferramenta de traballo, dun traballo que se realiza nun clima e nun terreo que as esixe ou recomenda. Unhas zoquiñas anatómicas, ben feitas e axiña, coas máquinas “ordenadas”, terán mercado seguro, ¡palabra de zoqueiro!, tanto aquí como en Holanda, cando nos decatemos de novo da súa vixente utilidade.



O altar das miñas zocas (das últimas que fixen).

Nada máis, que eu xa fixen a reflexión, o encargo. Agora tócalles aos enxeñeiros face-lo invento, e tamén promovelo!
-.-


-.-

8-4-2018
Sobrevivir a una guerra silenciada


Xosé María Gómez Vilabella en su casa con la Medalla de la Campaña Ifni-Sáhara (Carlos Pardellas)
Ana G. Liste
El gallego Xosé María Gómez Vilabella rememora sus vivencias en el conflicto del Ifni, que enfrentó a España y Marruecos hace 60 años, mientras trabajaba para el Banco Exterior de España.
Una guerra borrada de la memoria colectiva. Un conflicto que prácticamente sólo recuerdan sus supervivientes, y sus familias. Han pasado 60 años, pero las heridas siguen abiertas. El conflicto del Ifni transcurrió entre octubre de 1957 y abril de 1958 en un territorio dominado por España en Marruecos. Una zona que el denominado Ejército de Liberación Marroquí quiso recuperar a cuchillo y cuyas vicisitudes fueron tapadas en su momento, incluso por la dictadura franquista.
“En mayo del año 1957, meses antes de que el ataque principal sucediera, viniendo para Galicia en mi De Soto, llegando a Safí, un camión con gente del Istiqlal (partido político marroquí), que me conocieron por el coche, nos acometieron en una recta. ¡Les estorbaba el Banco, no yo! Tres vueltas de campana, y mi mujer sangrando por ocho o diez heridas debajo de una de las ruedas; y el niño, en la cuneta, más adelante. Pasó un coche de franceses, que nos recogió… Fue la primera vez que los musulmanes atacaron con un camión a europeos. Los franciscanos de Safí nos prestaron auxilios de toda clase; impagables. Al regresar al Ifni, el General Gobernador (de parte del Pardo) me conminó a que dijese que lo nuestro fuera un accidente y no un atentado. Así lo hice, hasta después de la muerte de Franco, cuando publiqué mi libro ´Cacería de ciclóstomos en Ifni´. Con decir que los ciclóstomos se pescan, pero no se cazan, ya se entiende el espíritu del libro”.
Xosé María Gómez Vilabella (Montecubeiro, Castroverde, 1930), sobrevivió a esta guerra en la que no llegó a combatir pero que, como se desprende de su relato, le afectó desde antes de que estallase. Tenía 27 años y llevaba cuatro como apoderado del Banco Exterior de España, el único abierto en la plaza según cuenta, y que además de sus funciones propias se ocupaba de los servicios de la Tesorería del África Occidental Española.
El territorio de Ifni está a unos 300 kilómetros de la isla de Lanzarote, en la costa de Marruecos. Fue cedido a España por el rey marroquí por el Tratado de Tetuán, en 1860, y formó parte de los provincias españolas hasta 1960. “Fue una guerra silenciada desde el primer momento. Cuando en Madrid supieron por la Pirenaica (la radio clandestina) lo que pasaba en Ifni, ¡otro 2 de mayo!, la gente se fue al Pardo con intención de apedrear a la escolta, pero Franco los mandó de inmediato a Barajas, ¡y de allí para Marruecos!”, rememora Gómez Vilabella.
El lugués se marchó de Castroverde con 18 años para hacer la mili en Madrid (voluntario), en el Ministerio del Ejército, para poder estudiar. “Me destinaron de mecanógrafo para el Consejo Supremo de Justicia Militar, y allí tuve ocasión de conocer importantes secretos de Estado”, explica.
“Destinado en Madrid en la central del Banco, supe que había en Ifni una plaza de Oficial de Primera. Había compañeros con mejor puntuación, pero se dio la casualidad de que se declaró en Ifni una epidemia de peste bubónica, y yo fui el único que se atrevió a ir allí en esas circunstancias; lo que me supuso un salto en el escalafón de 18 años”, cuenta.
Allí, en Ifni, aguantó toda la guerra hasta que en 1962, cuando fue destinado unos meses en el Aaiún, se enteró de que había una vacante de Apoderado en Gijón, y volvió para España, descendiendo voluntariamente de categoría. “Estudié sin parar, y cuando me vine para A Coruña acabé Profesorado Mercantil y pasé a la UNED, en la que estuvo hasta los 60”, dice. Gómez Vilabella le pone mucha retranca a lo que vivió, porque más importantes que las marcas físicas que le dejó, lo son las emocionales.
“España no vale, nunca valió, para colonizar. ¡Ni en América, ni en África”, asegura Xosé María Gómez Vilabella. “Colonizar es, ante todo, sincronizar, comprender a los nativos, compartir con ellos. La colonización de América concluyó en Sevilla, en la Torre del Oro; y la de África, vaciando los sótanos del Banco de España”, añade.
Esto es lo que el gallego no olvida de aquellos años en Ifni, una tierra de la que se marchó pese a que le supuso bajar de escalafón en su trabajo. Además de diversos artículos, Gómez Vilabella ha publicado varios libros con esta temática. ”Cacería de ciclóstomos en Ifni”, “Operación cuñada”, “Ifnada”, y “A Guerra de Ifni”. “Los chanchullos y los errores de España en sus posesiones de África no caben en los libros: ¡darían para una carrera!”, asevera el gallego. É se ha dedicado a contar en sus libros lo que nunca se hizo público desde el Estado, ni siquiera desde que se instauró la democracia.
No se manejan unzas cifras oficiales de bajas en el conflicto de Ifni, pero en una exposición reciente en Barcelona, en el Museu de les Cultures del Món, se habla de 205 muertos y 166 desaparecidos del bando español, y de 519 y 296, respectivamente, en el marroquí.
“ Creo que en mis libros hay una buena dosis de ironía, pues aquellos muertos (y desaparecidos, que realmente fueron muertos no localizados), merecen un respeto que no se les dio. Las cosas dramáticas se entienden mejor si las adobamos con vinagre”, sostiene Gómez Vilabella.
-.-


RÚA ALTA
-.-

Nº 6. (Ano 1993)
Señor Santiago, dous puntos:


Con debuxos de Augusto Trillo.
Publicado no número 6 da revista anual “Rúa Alta”, ano 1993-, do
Club de Xubilados de Caixa Galicia, Coruña.

Señor Santiago, se mo permite, vostede e mais eu imos botar unha parrafeada, aquí mesmo, nestas cadeiras da Caixa... Estoulle xubilado, ou sexa, sen présa, cos andares feitos; e vostede seica está de Xúbilo, ¡por iso de que este ano o seu día cae en domingo domingueiro!
E logo, ¿que tal lle foi desde..., desde que o visitou o Papa, co aquel da Xuventude? ... ¡Ao que chegou, Patrón, a ser máis papista có Papa, o sucesor de Pedro! E mais, de ben mirado, Pedro foi un covarde, ¡que mira ti que negar tres veces ao Mestre...! Xa sei, xa, que despois diso arrepentiuse, pero..., ¡se lle puidese facer dano a Xesús aquel testemuño, feito ía, pois os arrepentimentos liberan a alma pero deixan sucios os corpos! ¡Tal cal! Por iso, o de declarar en falso, mala cousa é; ¡tan mala, que non hai galego que tal faga, que ese defecto por aquí non o temos! Claro que vostede, o Fillo do Trono, para esas cousas é Santa Clara. ¡Bo Mestre temos, si señor!
Xa que falamos do ter e do ser, o malo é que na práctica, meu Sancti Iacobus, os galegos sómoslle algo vergonzosos, e cando toca canta-las corenta, por exemplo aos políticos, daquela..., ¡xa sabe, daquela que mexan por nós!, abrimos o paraugas e dicimos, mansamente, aquilo de que, chove miudiño, miudiño chove, pola banda de Laiño, pero tamén, ¡tamén!, pola de Lestrove. Xa ve, Patrón: ¡O que vostede queira! Ou como lle dicían os alemáns ao seu Führer, que tamén son medio suevos, “¡Ja, mein Herr!”.
Falabamos, Patrón, de que para entrar xubiloso neste xubileu dos xubilados compre denantes facer o relevo do facho. ¡Pero se xa o fixeron aló en Monserrat, naquelas Cortes, coma quen di, onte! ¿Vostede refírese ao facho destes galegos finiseculares, nós, todos nós, aqueles que..., estes da xeración da Guerra? ¡Maldita guerra, pois encima da fame, e do febles que saímos dela, agora os netos rinse de nós cando llela contamos, e téñennos por mentiráns! Todo sexa por eles, a ver se escarmentan na nosa cabeza..., ¡e teñen un XXI en paz, polo menos con paz!
Agora, nestas liortas entre esquerdas e dereitas, os políticos zúrranse a pracer, ¡pero, iso si, coa lingua, que así amplían vocabulario, sobre todo nas picardías, pero nós, os vellos, vimos daquelas confrontas coa pólvora na man! ¡Xa sabe, outros tempos, outras armas, outras ferramentas!
Hai cousas que nin de vellos chegamos a saber, con todo o que neste país pasou, ¡pasou e pasamos! Direille: ¿Como é que vostede sempre presumiu de Matamouros e, non obstante, daquela do 36, ben que trouxo aos morangos, aqueles do Defuntiño, para que recobrasen Covadonga? ¿Que non quere que conste en acta...? ¡Ah, picarón! E logo, ¿tampouco poñemos..., aquilo de que Mizzian mandaba no trono da Coruña tanto ou máis que vostede no Compostelán? ¿Que lles diremos aos netos se preguntan por iso? ¿Secreto de Estado, outro, outro máis? ¡Vale, comprendo, pois volve a haber mouros aquén do Estreito; e mouros tamén, árabes máis ben, son eses que nos venden o petróleo; xa sabe, a gasolina dos peregrinos actuais! ¡Vostede é un economista, deses que sempre están na escaleira...! Falando do petróleo: Aquel da Coruña éralle Brent... ¡Que cousas, pois antes, o que é do Norte só viñan as sereas, aquelas roibas, e agora esa marea moura, pero..., que lle vou contar que vostede non saiba! Xa tiveramos abondo con aquela pelexa do Hércules contra Gedeón, e agora vén Neptuno e, ¡zas!, embarranca un petroleiro. ¡Encima de caro, a desfeita total neste paraíso das cinco badías, dos cinco dedos do noso Creador! E logo que ninguén tivo a culpa diso, polo que nos din uns e outros! ¡Qué cousas pasan, que nin que estivésemos deixados da man de Deus! Ten que pregar pola súa Galicia, pois, do que non, mal imos!
Teño outra dúbida, meu señor Santiago: ¿Por que o Defunto -refírome a don Hermenegildo- consentiu que fose a do Ferrol a última estrada do Plan Redia? Claro, claro; nós estamos castrados, xa desde os tempos daquela Raíña, esa que teñen por santa en Castela, e logo que cando os bens son escasos, como din os economistas, é Razón de Estado satisfacer primeiro aos cataláns, aos vascos, sexan vascos ou euskaldúns, e tamén aos ástures, pois eses veciños, todos eses, protestan..., mentres que nós, católicos sentimentais, como dicía Valle Inclán, de protestantes, nadiña! Agora comprendo, si Señor; ¡e grazas, Xefe, pola palma do martirio! Grazas, tamén, polo entendemento anubrado, ¡estas néboas fisterráns...!; e pola auga, de paso, que xa sabemos que na súa Compostela a chuvia é arte maior. ¡Paraugas, paraugas para todo; sempre!
¿Que deixemos a política e falemos de economía, de economía pura? ¡Pero, oia, Patrón, pois vostede, como patrón, débeo saber: Desde cando a economía é pura? ¡O que queira, sempre o que vostede queira, don Santiago, meu Patrón, non sexa que o demo meta este Ano Santo, nas ofrendas, o Despido Libre! ¡Non lle deixe! Mais en definitiva o que vostede queira, que eu dou a todas; a todas, non, pois en cuestión de mulleres..., ¡xa sabe, estoulle casado!; e logo vén iso, ¡de postos a falar...!, que todo por aquí galean elas, de arriba abaixo, pois de tanto que estudaron nas últimas xeracións, volvemos a ter matriarcado nesta Suevia tan suave. ¡Deus, e que ben mandan, que listas son...; iso ademais de guapas, que para guapas as galegas, como hai Deus que si! (Voullo dicir cunha paréntese: Aquel machismo de que o home podía vender os gananciais sen a firma da súa muller, perdémolo no Código do ano 1975, que D. Francisco non o quixo sacar, e iso a pesares da súa encomiada Sección Femenina! Desde entón..., ¡que lle vou contar que non saiba! Pero volvamos á economía, que diso, por moito que se fale e medite, nunca será abondo:
¿Cando vai ser o día en que vostede baixe do seu cabalo, do branco, e deixe en paz aos mouros? ¿Que por que? ¡Home, case nada: coido que sería bo venderlles auga, auguiña galega, a mellor do mundo, trebón de Santiago incluído..., a ver se dese xeito compensabamos a factura do petróleo! Ben sabe, meu Xacobo, que mentres non consigamos fabricar, fabricar e vender, ¡incluso aos árabes!, moito e bo, do que sexa, toda clase de artigos, e con iso abrir mercados exteriores, bos mercados, con Maastricht ou sen Maastricht, aquí na Gallaecia todo serán bágoas e..., ruadas, política de rueiro!
Señor Iacobus, parece mentira en vostede, que sendo xudeu permita que nos fagan tantas xudiadas. ¿Quen nolas fai? Está claro: ¡Os xudeus das multinacionais; os de Bruxelas, en definitiva! Por se iso fose pouco, o dito, que agora naquel Mastrique do Duque de Alba, Señor de Monforte para máis INRI, en vinganza daquelas lanzas seica afeitan ás ovellas mansiñas, tal que nós, ¡con tesoiras converxentes!
Señor Iacobus, noso Rabí, noso Titor e Mestre, por favor, ensínenos saberes xudeus, pois do contrario os nosos fillos, fillas incluídas, con tanto paro, inflación, noites na eira do trigo, pero sen trigo, botellón, droga..., ¡que sei eu!, van ter que emigrar de novo, e agora nin hai a onde; ¡nin sequera iso!
Xacobo bendito, mire dúas cousas, nada máis que dúas, pois, de chegados a este punto, o resto é curto: Mire pola miña cartilla da Caixa, que non a dou pasado das catro cifras, ¡nin coa inflación! E de paso mire, mire tamén, para este saco dos meus pecadiños; con isto feito, aconsélleme a forma, o xeito, de acabar con eles, que vou vello, que imos vellos, e non lles quero deixar aos netos, no canto dunha caixa de caudais, este saquete de pedir esmola, de pedir polas portas..., ¡por culpa dos nosos pecados xeracionais, que vostede xa me entende!
Se Galicia é, como de feito é, unha terra rica de xente pobre, ¡Señor Santiago, noso Patrón, basta xa de panos quentes! Ensínenos a ser xudeus cos xudeus, ou polo menos apréndalles aos netos, pois aló, na súa Xudea, naqueles desertos, aquela xente en vez de emigrar, inmigra, e fano con fartura, pois o pouco, de ben administrado, chega a moito! ¿Non é iso o que din os economistas? ¡Pois logo!
Como méritos, meu Sancti Iacobus, tan só unha cousa, ¡unha soa!, pero, iso si, notable: ¡Ten que recoñecer a nosa paciencia, a paciencia galega, que lle é a meirande do mundo..., aguantando paraugas!
¿Firmamos o pacto, meu Patrón? ¿Que si? ¡Logo vale a pena celebrarlle un Xacobeo en acción de grazas! Vide, galegos, vide todos a porfía, con flores a María..., e con foguetes para o Fillo do Trono, que por fin..., ¡por fin!, vainos ensinar a producir, a producir máis e a vender mellor, pois a partires diso a dignidade dun galego medirase en ouro, ¡por encima do ECU (euro), que xa é dicir!
Señor Santiago, que non se diga que os vellos somos..., iso, pasotas, pois xa ve que de postos a batallar, con ou sen dialéctica, queremos o mellor para os fillos, e tamén para os fillos dos fillos, e por aí adiante, pois téndoo a vostede de man, e feitas estas ofrendas, esta confesión, este arrepentimento, non nos deixará, esperemos que non, coas mans baleiras, pois do contrario, cando cheguemos a xunto de San Pedro, verá vostede qué contencioso lle espera, que aquí non falo só por min, que somos moitos a querer, a esixir se falta fixese, anos, moitos, de gloria e de esplendor para a nosa entrañable Galicia, cousa que lle temos merecida, modestia á parte! ¿Ou xa non se lembra de que lle cortaron o garneato na súa Galilea, na propia, e que nós, daquela, tan xenerosos sempre, démoslle Terra Santa, outra, a mellor do mundo? ¡Pois iso, favor por favor, que xa estamos fartos da retórica literaria das ofrendas!
De aquí en diante, nas lides económicas que se aveciñan, nesta competencia cru, desapiadada, que nos espera, ímoslles ter que dicir aos fillos, e nos fillos aos netos, aquilo das nais espartanas, ¡E tân e epi tâs! ¿Sobre do escudo...? ¡Non, sobre do ECU (euro), que con menos non nos conformamos!
Agora, cos pactos feitos, meu patrón, cando vostede queira tiramos as vésperas da súa fachada mudéxar. ¡Ultreia, Señor Santiago, que a xente enténdese falando, e mellor aínda se se fala claro! ¡Amén!
-.-

Nº 7 (1994)

Ano sabático



Zodíaco de Dendera (Egipto

             No nº 7 de “Rúa Alta”, revista do Club de Xubilados da Coruña. Caixa de Galicia.

”O Sétimo ano será de repouso total en honra do Señor”. Levítico, 25, 4. ¡Estámosche bos se o tomamos ao pé da letra, con todo o que está sen facer neste mundo, neste mundo e neste país, que niso non somos excepción! Ben mirado, e sen esquece-lo senso alegórico, metafórico, da Biblia, coido que hai que velo deste xeito: ¡Que nos tomemos, de cando en vez, un repouso material para levanta-la cabeza do chan, dos egos, do consumo...; en definitiva, dos materialismos, e que lle deamos un respiro de espiritualidade á vida, pois iso nunca sobra!
Esperade un pouquiño, que entrecruce as pernas, que volva os ollos á Meca, e de paso que apoie o queixo na man, como fixo aquel “Pensador” de Rodin.
¡Hala, xa estou; adiante! Posto nesta actitude, aptitudes á parte, entendo que estaría ben abrirlle un proceso de canonización, interno, á miña/á nosa xeración, incluso con avogado do diaño, para máis protocolo. Empezarei por min, e despois, os demais, desde que escoiten, se o teñen a ben; que cada quen faga as súas reflexións, as súas críticas, en voz alta ou ao caladiño, segundo lle pete ou segundo llo pida a súa conciencia.
O caso é que todos respondemos ante Deus e maila Historia, e non só os caudillos, pois todos tivemos, polo menos nalgunha ocasión, algún tipo de caudillaxe. E nesta resposta habería que empezar recapitulando, xa desde o berce, tanto as nosas feitas coma as nosas desfeitas.
Anos arriba ou abaixo, case todos estes compañeiros do Club da Caixa abrimos os ollos antes da II República, así que somos monárquicos de pecado orixinal; ou de virtude orixinal, segundo e como se mire, pois en España houbo tantos reinos e tantos reinados que deron de si en tódalas direccións. Esa bandeira, a monárquica, é o noso Sino, e nela espero que nos amortallen; a min en cristián, por suposto. Pero, políticas á parte, que para falar de política xa están esoutros, eses que teñen mellor labia, eu quixera facer unhas reflexións caseiras inspirándome nese Zodíaco que tanto apaixonaba aos antigos, e que tanto lle di agora a eses afeccionados a esperalo todo, ou case todo, da súa sorte. Vexamos:
. Os da nosa xeración pode ser que tivésemos moito de Aries, en tanto en canto que cordeiros, pois como borregos nos trataron daquela da Guerra, que por entón andabamos na escola, pero ninguén se preocupou de explicárnola a fondo, cales foran as súas causas remotas, se foi posible a paz, ou non, e mil detalles máis. ¡Nada, nada de nada; “silencio de los corderos”, que ben caladiños estivemos, incluso diante dos nosos pais, e calados nos fixeron seguir estando os nosos fillos, aqueles do 68!
. De Touro? ¡De touros, moitísimo, que por algo nacemos nesta península que ten a forma da pel dun touro posta a secar...! Isto váleme como imaxe: un touro reseco, coas cornas arremeténdolle ao século XXI; e nós, quedos na corte, no noso encerro, pero dispostos a turrar se non desen liberdade, pois a moderación dáse mal nestas latitudes medio tropicais. ¿Daquela, será cuestión de clima?
. Xéminis? ¡De xemelgos, nadiña, que nin hai nin houbo, nunca, dous españois iguais; nin sequera ante a lei! ¿Quen dixo que España é diferente? ¡Pois que razón tivo, que ata somos diferentes, ou mellor dito, indiferentes, en todo aquilo que nos convén como pobo e como cultura!
. De Cáncer? ¡Aquí por Galicia chámaselle “cancro”! Cancros temos moitos: O da pereza (e non se escandalicen, que diso hai, e temos, bastante máis do que parece á primeira vista). O alcohólico, pois co que levamos bebido, trasfegado, os da miña xeración, metílico incluído, había para desinfecta-las feridas de medio mundo. De droga algo menos se non incluímos aquela dixitalina dos tróqueles fumados polos avós a falta de tabaco, de tabaco ou de cartos para compralo; aos vellos da miña xeración chégalles, e satisfanse, con darlles as súas pensións aos netos, a moitos deles, se cadra a máis dos que se sabe, e de feito fano para que queimen a súa vitalidade xuvenil, a toda presa; ten a súa lóxica pois con iso do paro sobra xente, e daquela, como non temos á man unha “Pena Tarpeya” non hai por onde tira-los sobrantes; nin os sobrantes nin os traidores. (¡Isto parece que vai de broma, pero a verdade é que estou sangrando por dentro, da pena que me dá o avance da droga, esa couza progresiva!).
. Leo? ¡Nin lemos, nin hai leóns, pois ata o da “Metro” morreu! Agora, en vez de ler, televemos; e tanto televemos, que xa non hai neno da teta que ignore cales son as medidas óptimas dunha muller obxecto. ¡Pero a muller liberouse, exclaman algúns! Non sexades cretinas, miñas rapazas, que iso da liberación da muller é un truco dos homes para que traballedes coma nós, en todo, sen por iso deixar de parir; e logo que, canto conseguides, sexa no mundo social ou no laboral, estádelo perdendo na tele! Daquela da miña crianza os nenos aprendíamos a dicir, “¡Mi ma-má me mi-ma!”, pero agora, camiño do XXI, o primeiriño que lle escoitan ao seu pai, xa desde o berce, e diante da propia muller, é, “¡Jo, que tía máis boa; esa dá para sete!”. En definitiva, que deixamos un mundo con moito ruxido e poucos leóns!
. Virgo? Eu xa non sei se iso, que outrora foi a dote máis valiosa das mulleres, estará de saldo, que aquí por xunto da miña/vosa casa, e iso que é xardín público, ou precisamente por iso, cando asomo pola ventá para ve-lo amencer, ¡contemplar a alba sempre foi o meu pracer favorito!, maiormente nos fins de semana haivos cada apertura, cada sobo...! A min sempre se me dixo que o “postre” ao final, despois da sopa e demais cerimonias, pero nestes..., bares? modernos coido que están aconsellando, fomentando, outro menú... ¿Será por aquilo de que a orde dos factores non altera o produto? ¡O produto, o natural, claro que o alteran..., pero aí está a inmigración, para suplir baleiros! A iso, no meu Castroverde, chamábanlle, “traballar para a feira...”
. Libra? Xuíces hai moitos, pesa que te pesarás nesas balanzas, pero..., ¡nin con esas, que se o mundo estaba mal repartido cando viñemos nós, agora, pronto, cando marchemos, vai seguir desequilibrado! (¡Cántas culpas nos botarán os netos, iso encima, polo século XXI adiante, de tantas inxustizas sociais; pero o peor diso aínda non estará en que daquela nos retremen os ósos, senón en que fumarán porros encima, ou diante, dos nosos nichos, e todo aquilo, entre os cheiros e mailas xiringas, vai quedar noxento, que nin poderemos saír das covas para ruar con eles, cando pasen; cos da Santa Compaña, digo!).
. ¿Que é iso de Escorpión? ¡Veleno e máis veleno, que xa ben envelenados imos, pois agora todo é química e falsidade, ata nos alimentos! E logo que antes, nos séculos pasados, o home era un lobo para o home, pero agora todo se sofisticou de mala maneira, todo de sorpresa, e polo traseiro, coma o aguillón do tal escorpión! Os que naceron neste signo zodiacal pode ser que estean vacinados, ¡pero anda que os demais...!
. De Saxitario, que? ¡Todos somos centauros, tirando frechas incendiarias e atropelando no próximo! Fixádevos como será a cousa que ata as empresas, sempre discretas nas súas picardías, anuncian os postos de traballo deste xeito: “Precísase vendedor que sexa agresivo...”
. ¡Ai Capricornio, capricornio, representado nun godallo, cantas godalladas levamos cultivadas, mantidas, ceibadas! É verdade que temos ao noso favor ese magno impulso que demos ás ciencias, á tecnoloxía, e incluso ás letras, pero a estas algo menos; ¡que Deus nolo tome a mérito para compensar, sequera sexa un pouquiño, tantas godalladas que levamos feito ao próximo, e ao non tan próximo tamén!
. De Acuarios aquí por Coruña bastante ben, que nos melloraron moitísimo as praias, pero, ¿chegarán para lavarnos de tantos pecados xeracionais, de tanto lixo como temos enriba das nosas cunchas de sapoconchos vellos?
. (De Pisces vou falar con sordina, pois é un sector que se foi a pique con aquilo dos dous centos de millas) ... ¿Que non se oe nada falando así, baixiño? ¡Tamén lles pasa aos da Unión Europea (Mercado Común) que maldito caso nos fan nisto da pesca..., e noutras cousas, tres cuartos do mesmo!
Chegados aquí, mal exame levamos, así que iso de canonizarnos vai estar difícil! Claro que, se chega a santa, se soben aos altares aquela Isabeliña, aquela “Católica” que falsificaba bulas papais para o incesto de casar con seu primo de Aragón, aquela que deu instrucións para “... la castra y doma de Galicia...”, aquela que rachou os pactos feitos coa xente de Boabdil..., ¡nós igual entramos no Ceo, así sexa polo ollo dunha agulla!
¿Sabedes que vos digo? ¡Que as verdades poden ser deprimentes, así que, pola vosa saúde, e pola miña tamén, por hoxe non digo máis nada; e logo que, por outra parte, co dito, co antedito, se o queredes meditar, xa tedes materia de penitencia; abonda! Tan só lembrar que se dona Inés lle dixo ao seu don Juán que un minuto de penitencia lle chegaba ao Deus da clemencia para perdoar toda unha vida chea de ocos, pois..., ¡iso, que aínda podemos esperar das novas xeracións un chisco de piedade para estes vellos do século vello! E para o XXI, rapaces, como non vos espilades a enderezalo desde os seus comezos, mal vos vexo, e ben que o sinto..., ¡por vosoutros, tamén por vosoutros!
Grazas, lectores, por aguanta-lo sermón. Lede a Revista, toda, e non a xulguedes por esta mostra, pois o resto do contido é doutros autores, doutros escribentes, que non Escribáns, así que teño para min que serán máis divertidos, ou menos tráxicos; non obstante, ¿hai ensaladas sen vinagre?
Cos meus saúdos máis cordiais, para todos, inimigos incluídos, desexando felicidade, tamén a todos, pero particularmente aos que logren entrar no século XXI, pois, ¡ou moito cambia este país, ou vanas ter difíciles! Daquela, ¡sorte, vista e ao touro!, como dixo Manolete. ¿Quen foi Manolete? ¡Ah, iso é un secreto dos da miña xeración, outro, que tan valentes fomos que nós, ¿medo?, nin á vida nin aos mihuras?

-.-



-.-

A morea de Irimia



Coido que vale a pena, de cando en vez, pararnos a “profundar” na toponimia dos lugares que están definidos por termos de amplo valor ou significado conceptual, tal que, para un irimego, o noso Irimia, ou máis exactamente, o Pedregal da Irimia.
O caso é que vemos, de seguida, iso das fontes míneas, alí onde a terra, a nosa terra, rompeu augas para pari-lo picariño, que Miño lle chamamos desde que foi bautizado, con outras augas, na pía grande da Fonmiñá.
¡Ah, pero do glaciar meirense ninguén se decata, e iso que é ben certo que Galicia salvouse do asolagamento glaciar grazas precisamente ao pai Miño, que xa coas primeiras augas derreteu a lingua do glaciar permitindo que esta terra nosa se mantivese, de sempre, en contacto directo co ceo, ¡co ceo, pero tamén co Ceo!, sen o manto inanizante e illante daquel xigante que pretendeu cubrila en aborrecible, en xélida violación!
Para non parecer panteísta, comentémolo en termos meramente xeográficos:
O glaciar meirense adaptouse, como lle era propio, ás ondulacións das nosas montañas; e se cadra ata recheou o Val do Eo, do norteño Eo, ¡pero co Miño non puido, que é máis cálido! Aquela masa plástica foi cuarteando e disgregando aquelas rocas inxentes que, amoreadas en moreas (do morro, ou morea), laterais e frontais, no caso concreto do Pedregal da Irimia foron transportadas ata o punto de fusión dos xeos daquela que o Pai Miño, ¡e volvo ao panteísmo!, seica exclamou: “¡Basta, que aquí estou eu, que son máis grande e máis cálido co Eo; de aquí en diante, augas abaixo, quero prados e roseiras!”
O tesouro dos irimegos é, por conseguinte, de monopolio: Unha especie de concesión, de mandato, consistente en dete-la morea do glaciar ateo e despersonalizador no seu avance inicuo, aterecente, aterecido, e daquela trocar o xeo, neste prado galego, en vida cromática, renacente, puxante, con todo o que iso comporta. ¿Forzas? ¡Tamén o Miño era pouca cousa, daquela, aló arriba, cando se enfrontou coa plasticidade informe, deforme, abraiante, do glacial, pero insistiulle, rotundo: “¡Párate, detente, aquí mesmo, monstro conxelador destas terras moles e indefensas!”.
¿Quen se acorda hoxe de que tivemos glaciais? ¡Pois iso!
-.-

Nº 401? (Xaneiro 1993)
Volver ás fontes, partir das fontes.


Acabo de estar no Pedregal da Irimia. Augas limpas. Fontes puras. A “Area Recreativa” ao de hoxe, inmaculada, sen lixo. Fun busca-la miña pedriña, ¡para levala a Santiago! Unha daquelas, ben lavadas, da morea do glaciar , pero, ¡son tan grandes! Pido axuda aos irmandiños irimegos, pois estes votos telúrico-píos requiren irmandade; a esta fin PROPOÑO:
Facer unha peregrinaxe dende alí, dende as orixes irimegas, ao amencer, ou case, celebración litúrxica na mesma área. Enche-las cabazas con auga minia, para o Camiño. Na Vila de Meira subir aos vehículos; e neles, ata o Monte do Gozo, para entrar en Santiago como cómpre, andando, e co pedrouzo en andas.
¿Prácevos a idea? ¿Atrevédesvos? Mentres tanto, unha aperta irimega,
-.-




Nº 406 (Abril 1993)
¿Hai guerras?

Camiñando polos vieiros da paz



Lin, non sei onde, sería nos periódicos,
que a última guerra fratricida
que houbo en España
rematou..., ¡no trinta e nove!
¿Será certo; lería ben?
Ata o sería,
que hoxe fun á Misa
e démonos a paz;
pero o home da miña dereita
a pouco se me queda coa man
¡da poutada que me deu,
e de tanto que apertou!
Por contra,
a muller da esquerda refusoume
aínda ben non lle toquei na punta
das súas uñas de gata,
séxase, retráctiles, garduñeiras,
pintadas da cor do sangue.
¿Iso é paz?
Despois chamei ao psicólogo,
bo amigo por certo,
e díxome que tranquilo,
que a cousa é normal;
que eu estaba ben,
e os demais, tamén,
¡a Deus grazas!
Que iso de dar a man é un rito,
¡coma outro calquera!
E que lle mande, ao portador,
o cheque desta consulta
tan importante e tan oportuna.
-¿Ao portador, por que?
-¡Por culpa do IVE!
-¡Ah!
Quedei matinando,
-a soas, por suposto, coa miña conciencia,
que é unha forma de matinar,
unha delas-,
que iso das guerras,
guerras de toda clase,
seica son,
simplemente,
os baleiros da paz!
Coido que non perdín nada,
¡nada, nin o tempo!,
pois á forza de discorrer,
¡e bo traballo que me deu!,
aprendín,
¡que non hai guerras!
Non, é certo, abofé que si:
¡Non hai guerras,
só irmáns que non saben
darse a man!
Sendo así,
¡que lousa,
canta guerra por unha cousa tan sinxela!
-.-


Nº 486 (Xullo 1996)
Manuel Rielo Carballo

Necrolóxica

Manuel, (Manolo para os íntimos, e tiña moitos), Rielo Carballo, recolleu a súa bonhomía, (e tiña moita), de présa, sen aviso previo, sen enfermidade manifesta, e daquela fóisenos, con ela ao lombo, nun atadiño de emigrante terrícola, para o Alén, ¡a recoller o premio dunha vida exemplar! Non sabemos se o sentaron á dereita ou á esquerda, pero o que é nun bo escano, si, seguro, ¡que o tiña merecido!
¡Deus, que tarde no Cemiterio de Arcos dos Frades! Estaba, asistiu, media Irimianza, “mirádeos como se aman”, predicando co exemplo: dor pola perda, pola ausencia; as carnes abatidas pero os espíritos exultantes, choutando por acompañar na conmovedora, na enxebre liturxia, do cura Huerta, -voz cálida, certa, con casula verde-esperanza-, o amoroso, o florido envoltorio, co que tornamos á terra, ¡á súa!, á dos Frades de Arcos, esa cápsula, ¡tamén súa!, que lle serviu de soporte dun alma xigante; átomos de materia, ¡terra de Arcos!, que se tornarán fotóns de luz, de luz celestial por máis datos, no Gran Día da Xeral Resurrección.
¡Deus, pero que ben se estaba alí, no Cemiterio de Arcos dos Frades, medio a medio daquelas praderías! Todo cheiraba a cristianismo, do bo, do natural, do sinxelo; e non só as coroas, nin os tróqueles, nin os sabugueiros orballados do día de San Xoán, senón, e máis ben, as preces polo amigo, polo ausente-presente, musitadas nese silencio recollido, íntimo, absoluto, que só se observa nos enterros dos próceres da bonhomía, daqueles, homes e mulleres, que sementaron, que espallaron, exemplaridade, xenerosidade e simpatía.
O cura Huerta non se propuxo, non nos propuxo, erixi-las tendas da Transfiguración nesa lomba de Arcos, -¡se se lembrou non o dixo!-, pero si suscitou, realizou, unha “celebración de vida”. Afellas que a houbo, que a tivemos, ¡con música de querubíns, que ben se notaron os seus aleteos naquela brisiña que se alzou precisamente ao alzar! Naquela paz, Paz, (Paz Lamela, Directora Xeral de Cultura), unha viúva crente, resignada, cos seus fillos crentes, esperanzados, puxeron o resto nunha clase exemplar, maxistral, de como deben ser as despedidas sen despedida, os adeus, os, ¡deica logo!, aos que se adiantan con xenerosidade para ir preparando os reencontros definitivos, de altura, xubilares.
De contrapunto, as máquinas desas graveiras calcarias, nas inmediacións do Campo Santo, ¡explosión vai, explosión vén! Xa sei que non foi adrede, pura circunstancia, mais serviron para significar, para lembrar, que hai que seguir aquí abaixo, orando e laborando, laborando e orando, pois a paz na terra non é precisamente vexetativa, que por algo pedimos o pan de cada día amasado, enfornado, ¡acotío!
O caso é que se nos foi un dos irmáns Rielo Carballo, pero tan só na súa forma visible, deixando tras súa un ronsel, un rastro clariño, aleccionador, irimego, que é igual a dicir, de boa sementeira! ¡Deica logo, Manuel!


Igrexa de Arcos de Frades
-.-


Nº 545 (Xaneiro 1999)
¿Por que nos visitou Santiago?


Con debuxos de Susana e de Verónica Teixeira Recio, de 9 e de 11 anos, respectivamente.

Preguntoumo, de visita nesta miña/vosa casa, un neno galaico-madrileño-galaico, que acababan de chegar seus pais, retornados a Galicia, ao verme a Biblia de Sept na mesa do despacho, evidentemente por unha simple asociación de ideas.
          Díxonos un Profesor que o Señor Santiago, de degolado, veuse para Galicia, definitivamente, nunha lancha de pedra...; ¿non será moi gorda?
          E teu pai, aquí presente, ¿que opina?
          ¡Este galego aínda non me contestou!
O pai, ¡máis galego cá min!, fíxome o aceno de trasladarme aquela interrogante do seu neno. ¡Trágame terra! Desde que o meu fillo, daquela da guerra de Ifni (aquela guerra que vos ocultou don Hermenegildo, aquel señor que só respondía “ante Dios y la Historia”), me preguntara aquilo de, -¿Papá, po que se tiran eses paracas?, eu non me vira noutra semellante, pero un galego ten a obriga de descubrir América, aínda que despois lle pisen o invento, ¡ou deixa de ser galego!, así que tirei por onde Deus me deu a entender:
          Mira, rapaz, a clave, se cadra, témola aquí, máis ou menos neste punto, en Mateo 2, 19: “En morrendo Herodes, o anxo do Señor aparecéuselle en soños a Xosé, en Exipto, e díxolle: -Érguete, colle o neno e maila súa nai e volve para a terra de Israel, que morreron aqueles que querían acabar con el”.
O caso é que aínda reinaba Arquelao en Xudea, así que lles pareceu máis prudente ir directamente para Galilea, pero, ¿como, e por onde?, pois o anxo non entrara en detalles. Se ían polo Sinaí, era forzoso atravesar Xudea, e despois Samaría... Nisto, Xosé, que estivera traballando de carpinteiro en Alexandría para uns navieiros fenicios, pediulles que os levasen nun daqueles lanchóns seus... -¿Para onde...? -¡Pois, dadas as circunstancias, mesmo para Galilea!
Resultou que aos fenicios saíulles un porte de pedras preciosas, ¡rosadas, granito do Porriño! Para a tumba do Faraón, obviamente. Resultou que aqueles fenicios eran máis dados aos cartos que ao latín, así que, ¡por Galilea entenderon Gallaecia! Por culpa dese mal entendido, singradura vai e singradura vén, acabaron recalando en Galicia. Á Sagrada Familia nada lle custaba facer un milagre para desface-lo seu Camiño, tal que voando, pero como eran respectuosos coa vontade de Deus, que xa se di que ara dereito aínda que sexa con liñas torcidas, de chegados ás terras do finis terrae aquí se quedaron, uns días, agardando polo retorno das naves fenicias.
Entre tanto, ignorante de que xa os avisara un anxo, o vello Zebedeo, -que estaba casado con Salomé, a irmá da Virxe María-, díxolle ao seu fillo, ao Xacob: -Dáte unha volta por Alexandría para avisar aos parentes de que ao Herodes xa o papou o diabro. Daquela dilles que volvan tranquilos, pois aquí, coas obras do Templo, hai traballo de sobra para un carpinteiro da habilidade de Xosé!
Cando o Xacobe chegou a Alexandría, ao estaleiro daqueles fenicios, dixéronlle que ía tarde co aviso, que os parentes acababan de saír, precisamente nunha gabarra daquelas de importa-las pedras galaicas..., “nunha coma esa que está aí embaixo, nese peirao; ¡esa, esa que está levando as áncoras!”
Aquel rapaz do Zebedeo, aquel valente, tan lanzado, que era talmente un fillo do trono, sen pensalo dúas veces embarcouse..., ¡para a Gallaecia!, en busca dos parentes, cumprindo así a misión que lle encomendara seu pai, o Zebedeo. Así foi como retornaron todos, e todos xuntos, rumbo a Alexandría, e desde alí fóronse, costeando o Mediterráneo, noutro barquiño, nun que ía a por cedros ao Líbano, tamén para a tumba do mesmo Faraón. Desta vez, desandando o Camiño, o náutico se entende, desembarcaron na Ptolemaida, e de alí a Caná, ¡dúas semanas! Xusto a tempo para asistir ás vodas dunha parente de María... ¡Pero iso é outra historia!
Tanto a Sagrada Familia como o Xacobe quedaron moi agradecidos polas atencións recibidas daqueles fisterráns, daqueles gallaicoes, así que, tempo adiante, despois da resurrección de Xesús por suposto, daquela que os Apóstolos, homes e mulleres, se repartiron as romanidades para anunciarlles a Boa Nova aos latinos, foi a propia Virxe quen lle encomendou ao Iacobvs, que se dese unha volta pola súa querida Gallaecia. O malo do caso foi que os galegos, coa nosa retranca habitual, medio toleamos ao Fillo do Trono, dun carácter tan distinto do noso: -Por unha banda, ¡vostede xa ve...! E pola outra..., ¿que quere que lle diga...? ... -Que si, don Xacobe, que ben o sei, pois iso que nos predica xeito leva, afellas que si, pero..., mire, para non andar con voltas, xa o verei engorde, pasiño a paso. Se cadra mañá mesmo, segundo faga o día, que o teño que consultar coa almofada, ¡e por suposto, coa miña dona, pois nestas cousas importantes, eu..., un simple servidor, dela e de vostede!
Xacobe, impaciente que era, colleu un cabreo de aquí te espero, e como tardaban en volver aquelas naves, as fenicias, rouboulles un cabalo branco aos propios gallaicoes, ¡que llelo tiña ben merecido! Do Lucus pasou a Castroverde, e pola Fonsagrada, Vía de Asturias adiante, feito un lóstrego, enfiou cara á Caesare Augusta (Zaragoza), disposto a embarcar na Tarraco, nun daqueles trirremes que facían a ruta Salou-Mallorca-Ostia, así, sen hache, que é ese porto que hai ás aforas de Roma. De chegado a Zaragoza detívose para admirar as columnas dun templo que estaban erixindo os romanos non se sabe a cal dos seus deuses, pero desviounos a Virxe María, que bendiciu o sitio, e desde o alto dunha columna, que de aí vén o de “Pilarica”, botoulle unha rifada ao apóstolo: -¿Santiaguiño, como é que lle fas isto ao noso Xesús, co ben que o coidaron os gallaicoes, daquela, que ata lle ensinaron a pescar sen anzol? -Señora, é que eses galegos, eses da Fisterra, estanlle verdes, ¡máis aínda cós seus prados, que xa é dicir!
A Virxe axudoulle, mediou, intercedeu, porfiou..., tanto, e con tanto interese, que de alí en diante non houbo problema cos nativos. O malo foi que se tivesen que reunir os Apóstolos para celebrar unha reunión, unha xuntanza conciliar, preparatoria do I de Xerusalén, concretamente na Pascua do ano 44, concorrencia que aproveitaron os xudeus, os seus propios veciños, ¡outros desagradecidos!, para afeitarlle o garneato.
De morto, aqueles fenicios, os mesmos de antes, traficantes da pedra, ¡da pedra e de cantos minerais atopasen, ouro incluído!, recolleron o seu corpo e metérono nun fol, que así nos trouxeron os restos do Iacobvs; ¡nunha lancha das da pedra, que non de pedra, por suposto, pois as cousas hai que entendelas ao dereito!
O neno quedou convencido, e seu pai agradeceume esta colaboración, que ata me dixo polo baixo: “Se non é vero, é ben trovato”.
-.-


29-8-2012
É cousa de abri-lo paraugas?


Que mellor sitio que Castroverde para abri-lo paraugas o próximo 8 de Setembro! O escultor reflectiunos así, xuntos nunha aperta cordial, e co paraugas aberto. ¡Non están parados: Están facendo Camiño, seguen facéndoo, e precisamente nun punto reflexivo do Primitivo, do de sempre, ou é que non é de sempre aquel mandato divino de, Amádevos como eu vos amo?
O problema está na memoria, que é, que adoita ser, falible. Mais para iso son providenciais s crises, invitándonos á reflexión, a volve-la vista atrás, a lembrarnos do parentesco terreal, e de paso, da nosa filiación divina. Daquela, se somos irmáns, por que nos odiamos, para que nos roubamos, por que nos difamamos, reciprocamente? Se non chovese, igual pasaríamos de largo, oufanos, ignorándonos; pero as tormentas, é o bo que teñen!, dannos ocasión para estes intres fraternos, para reciprocidades, para estes abrazos, para unha certa colaboración. A ver se se cumpre o día 8!
Nestas apertas pidámonos perdón, pos moito hai de que! E de paso fagamos unha fronte común para desenmascarar aos ladróns, aos abusóns, a eses que nos dan a paz mentres nos meten man á carteira coa outra.
-.-


ENCRUCILLADA
-.-

7-5-1991
Cartas a Encrucillada

Querido e admirado Chao Rego:
Debe de haber algo fadento, no bo sentido desta verba, que me leva a relacionarme cos Chaos. Fun alumno, admirador, e creo que bo amigo, de Chao Espiña, un ser excepcional co que ben quixera seguir tendo longas conversas; era un home que nunca tiña présa e aínda así deixou moitas cousas feitas, e ben feitas; ¡terei que pedirlle audiencia aló no Ceo, se me deixan pasar a xunto del! Con estoutro Chao non falo, que non teño a honra de coñecelo persoalmente, pero si o escoito porque sempre está nas miñas lecturas de cabeceira.
Nun artigo meu recente queixábame, e coido que con razón, de que os homes de Igrexa se ocupasen tan pouco, ou tan superficialmente, do Islam. ¡Por iso moito celebrei atoparme co teu, maxistral e definitivo, na ENCRUCILLADA! Baraka allahu fik, amigo Chao! Dígocho de corazón, arrogándome a representación de moitísimos musulmáns que sempre me comentaron, nos meus tempos de Marrocos, doídos, a incomprensión de media España, particularmente da España goda.
Á túa disposición aquí en Coruña, e sempre aprendendo de ti, ¡moito e bo!, un cordial saúdo.
A Coruña, 7 de maio do 1991
-.-

Nº 74 (1991)
A Virxe, ¿morena ou roxa?



A Virxe, no seu agradecemento ao Hermunde,
ao patriarca fundador desta parroquia,
non se cansa de facerlles milagres,
o último deles é a mantenza deste loureiro,
que medra ¡sen terra! no alto do seu campanario.

De cando Hermunde e Mailoc discutiron naquel Concilio de Lugo sobre se a Virxe era loura ou morena quedou constancia nunha acta que se conservaba na igrexa vella de Bretoña, pero cando retiraron para Madrid os pergameos do arquivo parroquial, ¡coméronos os ratos! Coido que en Bretoña respectaban os coiros vellos porque alí había outras cousas para comer.
Hermunde sostiña que a Virxe é morena, pois nunca se viu unha  morena que non fose graciosa; pero Mailoc, como era bretón, arrimaba máis ao Norte, e sostiña que debería ser loura, pois nunca loura houbo que non fose guapísima, anxelical.
A cousa, daquela, que tanto se discutía se os anxos, os seres máis perfectos da Creación, eran machos ou femias, tiña o seu aquel. Unha Virxe morena, ou castaño escura, sería máis prima dos suevos que dos bretóns; e viceversa.
Hermunde colleu unha cabaza para beber auga do rego, e sentouse debaixo da súa castiñeira:
-Fago a promesa de comer só castañas, e de beber só auga deste rego, ata que se me limpe o entendemento e acerte a comprender se a Virxe, Nosa Señora, é loura ou morena. Se é morena, entón eu son primo segundo, e daquela fágolle aquí mesmo unha capela. Se é loura, que lla faga Mailoc, na súa Bretoña, pois nese caso iso significará que só son primo terceiro.
Pasou todo o inverno, e xa se esgotaran as castañas de Hermunde; así que o noso Patriarca, co débil que estaba, nin se decatou de que a súa Virxe, a morena, estaba sorríndolle desde a súa castiñeira. Nisto que pasou Mailoc polo Camiño Real de Lourixe, cabalgando nunha besta branca, e berroulle, desde lonxe:
-¡Oes, Hermunde, veño encargar lousa, aquí a Lourixe, para a capela da miña Virxe, pois éche tan loura, ou máis, cós fíos do ouro, que se me apareceu aí na Bretoña, encima dun bidueiro floreado!
Sacando forzas da súa debilidade, Hermunde mirou ao ceo para queixárselle á Virxe porque non o tivera avisado do grado parental; pero nisto, que non daba aberto os ollos, fixo viseira coas mans, que o cegaba un resplandor castaño-escuro que saía das pólas da súa castiñeira: ¡Era, claro está, a propia Virxe, que o cegaba!
-Miña Señora, ¿como podes ser parente dos dous? ¡Mailoc viute loura coma os fíos do ouro; eu véxote castañiña coma as castañas desta castiñeira! ¿Terei acaso unha enfermidade nos ollos…?
¡Ai, meu Hermunde, fillo querido, que esta é a nosa parentela, moito xaxún, pero de fe andas frouxo! Deus xa pensara en min antes da Torre de Babel, así que me deu unha cute para cada fillo, pois segundo e como el me mire, así me ve; e tamén unha fala para cadaquén, segundo o seu país; pero vouche dicir un secreto: ¡Teño un só corazón, e quérovos por igual a todos!
Hermunde deu en chorar, arrepentido da súa desconfianza; e ao Mailoc volvéuselle mouro o seu cabalo branco, de repente, para que tamén aprendese que non se debe discutir das cousas do Ceo, que xa se entenderán e se verán, todo ao redor, cando aló esteamos. Aquí na terra abonda con facer méritos, pois a sabenza virá despois, cando nos acendan as luces.
De alí en diante, Hermunde e Mailoc, ámbolos dous, e cada un coa súa xente, dedicáronse a converte-la bisbarra, que daquela aínda quedaban incrédulos, sobre todo os da orixe romana, que eran máis bárbaros cós bárbaros pois crían nun cento de deuses. Á fin dos seus días o único que non conseguiran cambiar foi o nome desa bisbarra, pois Polux era e Polux seguiu sendo; iso do nome pagán, iso da dedicatoria ao deus Polux, cambiouno a preguiza da xente, per se, pois para abreviar deron en dicir, Pol, así, a secas. O das secas tamén é un dicir, pois detrás do Hermunde, e iso que Pol tiña e ten cen ríos, deron en multiplicarse as tabernas…, ¡máis cós castiñeiros! Isto foi outro milagre…, ¡pero dos taberneiros, que seguiron rezándolle aos deuses falsos, aos de Roma, neste caso, a Baco!
-.-

Nº 86 (1994)
Testamento: recoñecendo un fillo.

Seica viñeches ao mundo..., de probeta, ¡coitadiño!, e que pensas mudar de nome na próxima década, cando sexas maior de idade. ¡Vaites, vaites; este rapaciño ten por seguro que o mundo seguirá sendo mundo no próximo milenio..., e iso a pesares das nosas desfeitas!
Pois ben, fillo, ¡que máis dá! ¿E, naturalmente, de recoñecido quererás herdar, non si? Daquela chamarémoste..., ¡Século Vinte e un! Está ben, está ben, que xa paso a sinalarche un inventario patrimonial. Todo isto coa condición de funerarnos..., ¡antes de irte de viños coa herdanza!
Isto te deixamos túa nai, Galiza, e mais eu; ámbolos dous de común acordo, pois no noso século, polo menos na súa primeira parte, todo foi de gananciais. Xa sabes que eu son o fillo enésimo do patriarca Breogán..., ¡pero se cadra é moito pedirche que imites a teu avó, particularmente no tema da administración! De Breogán tamén sabes que foi aquel home tan grande, ¡e sen vitaminas! Do máis grande que Deus criou; e para máis enxalzalo, deulle en herdanza esta Galiza, a mellor terra do mundo mundial!
Quedan de testamenteiros túa tía Castela, pero ten coidado con ela, que sempre foi unha gastadora, e mailo teu tío, Portugal. Con teu tío ben sabes que tivemos moitos preitos, pero ultimamente parece que as pontes e mailos fins de semana dan resultado, que nos entendemos algo mellor.
Con isto sabido, vai botando contas de canto temos, e de onde nos veu a fortuna:
Comezouche o noso século, o Vinte, con moita fame. Fíxate que fames non habería daquela que cando escaseaba o pan...; o centeo, pois as terras de pantrigo son case todas deses veciños aos que chaman casteláns...; pois ben, aquelas avoíñas do XIX facíannos unha boroas de millo, con mel e manteiga, que eran unha lata pois non dabamos chupado os dedos. ¡Fíxate que lavativa ter que chupa-los dedos; e encima diso, veña enemas e cocementos de malvas para que nos andase a tripa! Por se eses traballos fosen pouca cousa, ¡ter que manducar aquelas castañas, tan saborosas que non parabamos de roer nelas! ¡A quen se lle conte! Encima diso, ¡veñan cuncas de leite sen desnatar, daquel amareliño, do da Teixa! ¡Menos mal que daquela non había básculas, nin básculas nin cuartos de baño!
¡Ah, pero iso ocorría terra a dentro, que os da costa estaban peor! Con dicirche que pasaban o día espenicando no marisco, ¡coa denteira que fai! Xa ves, a falta de fabas..., ¡percebes!
¿Vaste decatando da herdanza, do moito que progresamos? ¡A túa si que é sorte, que agora o marisco, por exemplo, e grazas aos ricos de Madrid, -caritativos eles, que nos fan o favor de mercalo-, xa pouca faterna nos dá! Con veciños así, dá gusto convivir!
Despois, que tiñamos aquel costume de ir ás Pampas, ¡tan lonxe que iso queda! E total para comer churrasco; iso si, ben asado, nas brasas. Outro erro, ¡coa de estelas de carballo que temos todo por aquí! Home, falando da madeira, do 1936 ao 1939 unha pouca leña, ¡moita! deuse e recibiuse na miña bisbarra, pero iso xa pasou, que agora, co asunto do paro, a xente está entretida en buscar traballo e non pensan en liortas, como daquela da República...
¿Aínda non cho dixen, meu neno? ¡Pois si: Volvemos a ter Rei, pero a servi-lo Rei só queren ir os que teñen a conciencia sen buratos, sen reás, que os outros..., ¿como lles din? ¡Ah, si, obxectores! Fíxate se serán burros, que prefiren varre-las rúas..., ¡agora que mecanizaron os cuarteis, que ata teñen aspiradores!
Vouche dar un consello: Cando queiras envelenarte, nada de drogas, que iso, ademais de adulterado, éche custoso. ¡Non hai mellor veleno para acurta-la vida que meterse a traballar! ¡Disto témosche unha longa experiencia os do século XX!
Con tanta herdanza, esquecíaseme falarche da terra que temos na Habana..., ¡un milagre! Aquilo foi outro atraso, irse para aló, a corta-la cana, con aqueles machetes tan pesados que rematabas o día sen brazos..., ¡cando que con ir aos Super, e merca-lo azucre, xa está! Tamén se dicía daquela que se o tabaco de Vuelta Abajo... ¡Parvadas, pois con irse ás Pontes, ou a Pontevedra, xa queda un afumado, e iso para cento e un anos!
Daquela, polos Corenta, cando licenciaron as quintas e volveron os da División Azul, ¡os que volveron!, hóuboche unha epidemia de procreación tal que todo isto parecía a praga da lagosta. Eles, ao labor; e Franco, cunha soa filla, encirra que te encirrarás; ¡que pillabán era aquel galego! Menos mal que aí polo mapa arriba, neses sitios onde tan mal se fala, ¡nin galego, nin castelán, nin portugués...; nada, un latixo, que nin o demo os entende!, pois que deron en pedir xente para o seu servizo, ¡que che son uns protestantes do nabo, a metade deles! (¿Non viches eses daneses, que ata renegaron do xugo converxente, dese de Maastricht? ¡Nós apeitamos co xugo e coas frechas da Isabel, corenta anos, sen chiar!) Ben sabes que onde haxa brazos galegos, as máquinas alemás..., nin fu nin fa! Tamén se nos daba ben aquilo de abanear polas estadas das obras, aínda que estivesen xeadas! ¡Sómosche uns artistazos! Fíxate se seremos artistas, meu neno, que os mesmos suízos, co meticulosos que son, e tódolos enterros llelos encargan aos seus galegos, que che somos outros Sinués exipcios! Nada, que eses europeos do Norte, fóra da súa técnica, sen nós están perdidos, pois, ¡para mans, as nosas!
Para que saibas, tamén, como che quedan as cousas históricas, (iso que algún día se chamaría Memoria Histórica), direiche que aló polo 75 tivémosche un enterrazo nas abas do Guadarrama..., ¡que ti non verás outro, por moito que estrees milenio, e te chames Vinte e un! ¡Que enterrazo, que veu medio mundo coa esperanza de velo resucitar, pero, ¡nada!; pasaron tres días, pasaron tres meses, tres anos pasaron...! Esa lousa é pesadísima, incluso para un galego!
Con aquel paisano, digo, con aquel xeneral, morreuche media España. ¡A de cadeiras que quedaron baleiras! Pero o que se di ocos, ocos do poder, case non houbo, pois aínda ben non se apearon os vellos, desatáronse os novos, seus fillos, e treparon coma monos ás ancas da cabalería franquista. Aqueles mozos, de tanto que cantaban o Cara al sol no Frente de Juventudes xa estaban aburridos, e daquela deron en cantar..., ¡as corenta! ¡Todos, a coro! ¡Se vises os triunfos da UCD...! Con iso cabreouse Mío Cid Tejero, de tanto xuramento en falso, e aparellando catro buses, que cabalos en Madrid xa non quedaban, mulos si, po, suor e bágoas, o que en boa hora cinguíu espada, con un cento de tricornes das súas mesnadas, por Castiella entrose; concretamente pola Carrera de San Jerónimo, máis aló da Castellana. ¡Se vises pola tele a súa marcialidade..., que lles quedou prendida! ¡Con un simple “coño” ben dito, que non bendito, espapalláronse aqueles deputados..., que nin que tivesen queixos da Arzúa..., xa sabes, nas súas partes!
¿Que máis? ¡Ah, si, xa me lembro! Á UCD déronlle o cambio, ¿ou foi o cambiazo?, cen mil fillos de Pablo Iglesias. Como ves, os galegos sómosche máis inzóns cós coellos. ¿Que morreu Pablo Iglesias? ¡Outro ferrolán! ¿Que se desatan as ditaduras tipo Batista? ¡Non importa; temos un endego, outro Comandantín, que ademais é Fidel, aló en Cuba! ¿Que o Suárez, fillo dun galego, se mete a Duque? ¡Tampouco pasa nada, xa que de Tui saíu un Conde para Madrid, disposto a todo! ¡Un Conde que madruga máis có de Soutomaior! ¡Que listo ese Mario, un banqueiro metido a periodista..., que para si o quixesen aqueles do Caso! ¿Que o PSOE de don Pablo perde esa O? ¡Peor lle pasou ao Edgard Allan Poe, que non tiña S, e con todo iso, vaia tío contando contos..., americanos!
Fillo, como ves, os da miña xeración xa podemos morrer en paz, que ben nos afanamos para deixarche traballo: Tes que limpa-los ríos, a feito; repoboar os montes queimados; e facer fábricas novas. Aproveita as que están feitas, aínda que se quedasen obsoletas, que así, nas novas, xa lles pos filtros; dos amorosos, non, dos outros. ¡Ah, e lémbrate de tirar as casas mal feitas, que están afeando a paisaxe desta Galiza, que era o mellor solar do mundo! Isto último telo fácil..., ¡coa goma-2 que lles sobre aos da ETA cando se cansen de guerrear, pois outra forma de vencelos..., ti dirás!
Outra cousa; esta a modo de Codicilo: Se che queda algo de tempo neste século vindeiro, aprende a toca-la gaita, pois as nosas guitarras eléctricas, de tanto rascalas, poder ter rozaduras e darche cambras. Se non fose moito pedir, de ter tempo libre dedícate a facer fillos, que volven a escasear os rapaces; iso das probetas éche un sistema pouco natural. Ten en conta que se non repoboas Galiza, todos estes prados máis que de vacas pintas vanse encher de mouros, deses do Magreb, que xa andan a pedir polas portas. ¡Ben sabes ao respecto que o noso Santiago ten sona de Matamouros..., e daquela non vaias ter outra guerra con eses veciños! Falando de veciños: Lévate ben con eles, pois, de cando en vez, pódenche servir de falsas testemuñas nos preitos mundiais, tal que neses da ONU..., agora que volvemos a te-lo mundo patas arriba!
¿Que, satisfeito da herdanza? Que che aproveite, meu fillo, pois deseguida chega o teu século; e daquela a ver que fas cos talentos..., cos talentos e coas leiras!
-.-



MARRONDA
-.-
Agosto 2009
Unha analfabeta ilustre da Valeira




Lauda no panteón dos Salmerón, no Cemiterio Civil de Madrid, onde está enterrada miña tía Ramona Hortensia Lombardero San Miguel, natural de Catatrigo.



Saíu na páxina 14 desta revista
introducido por un artigo de Alfonso A. Riveiro
titulado “Nicolás Salmerón. Un visitante ilustre en Baleira”.

O contrario, o antónimo, dun deserto, dunha esterilidade, é un val; por ende, un Concello estruturado en vales, a cal máis fermoso e feraz como é o caso da Valeira (antiga Valeyra), descoñece os baleiros e goza de todo tipo de plenitudes: ¡Constitúese en paraíso! Adán e Eva, mentres foron inocentes, mentres foron intelixentes, tamén tiveron o seu paraíso, do que se segue que un paraíso é un espazo natural coa suma de tódalas posibilidades e de tódalas felicidades.
¿A que vén todo isto? Simplemente para chegar á conclusión de que a xente da Baleira (Valeyra) está predisposta, nace co sino de ser activa e intelixente, ¡porque goza dun zume innato, consubstancial, que os asiste desde o berce!
A Valeira pode honrarse, hónrase, de que ata os seus analfabetos, aqueles do século XIX, e de aí para atrás, foron auténticos próceres. Eu citarei un só caso, por vía de exemplo: miña tía-avoa Ramona Hortensia Lombardero San Miguel, da casa de Xan de Catatrigo. Os cultivados, os estudados, os ilustrados, déixollos a Alfonso Riveiro pois el coñece ben o seu Val, ¡os seus vales!, en pasado como en presente, tanto e tan ben que ninguén será capaz de superalo cando as súas múltiples ocupacións de polifacético lle permitan ordenar, subir ao ordenador, tantas e tan inxentes biografías.
Só vin a miña tía Ramona no verán do 35, xa viúva de Nicolás Salmerón y García, cando entrou en Montecubeiro, ¡nun taxi!, para visitar á súa irmá Xosefa. Onde atoparon currais de toxos fixo levantalos pagando as molestias con pesos de prata, para que avanzase o auto por aquelas corredoiras.
Desterrado para Lugo, onde exerceu de profesor, aquel insigne presidente da Primeira República, Nicolás Salmerón y Alonso, que deixou a súa Xefatura do Estado por negarse a firmar unha sentenza de morte, alguén proporcionoulles para criada unha rapaciña de Catatrigo, da que se dixo que, ademais de guapa, ¡como adoitan ser tódalas mozas do Val!, tiña un talento natural extraordinario, asombroso.
Tan ben caeu naquela casa e naquela familia que non só lle puxeron dúas profesoras, unha de cultura xeral e outra de francés, senón que a casaron co fillo primoxénito, Nicolás Salmerón y García, avogado, farmacéutico e periodista. Está soterrada cunha lauda na que se le: “... natural de Catatrigo, Librán...”, no panteón dos Salmerón, no cemiterio civil de Madrid, exactamente de par de Pi y Margall, en fronte do de Pablo Iglesias.
A súa cultura partindo daquel analfabetismo da súa crianza chegou a tal altura que incluso traduciu do francés obras que serviron de texto na Institución Libre de Enseñanza.



Este retrato dos Salmerón, pai e fillo, mandoullo a tía Ramona a súa irmá Xosefa (casada en Berlán - Montecubeiro), cando estiveron en París.

Outra evidencia (do que se facía querer) témola no recoñecemento que supón que o Concello de París lle mandase unha coroa de ramallos de bronce, igual que fixera cando faleceu o tío Nicolás. Por certo que as roubaron, ámbalas dúas, no ano 1949, que as botamos en falta no Día de Defuntos, que daquela era o único do ano no que nos permitían entrar (os franquistas) no cemiterio civil.
A casa de Xan de Catatrigo, adquirida hai tempo polos señores de Pachín, foi reconstruída e dotada dun balconciño polos Salmerón, que asistiron á súa inauguración e durmiron nela, invitando á cea a toda a veciñanza do lugar.
A protección en Madrid de miña tía para a xente do Val foi proverbial. A súa última criada, ¡criada doutra criada!, -sento non lembrar o seu nome-, era de Quintá. Coidou daqueles vellos, que morreron sen descendencia.
O franquismo requisou as súas propiedades, farmacia incluída, así que os sobriños só herdaron o mobiliario. Non, minto: herdamos o estímulo daqueles entrañables parentes, tan dotados en tantos aspectos. ¡Non podía ser menos: dos Salmerón xa conta a Historia, a de maiúsculas; e miña tía-avoa era do Val, nada menos que do Val!
-.-



SEMANARIO A. O. E.
-.-

Problemas femeninos




No han de hacerlo todo los hombres. Las mujeres también tenemos nuestros problemas, que a veces son comunes con los de ellos, y algunas saben decirlo -yo me considero sólo principiante-; tenemos problemas, se saben estudiar y decir -no discuto si en más o en menos profundidad que la que emplean los hombres para los suyos propios-, luego no tiene nada de particular que los exterioricemos. Los hombres opinan que les corresponden a ellos las funciones intelectuales; yo creo que sería cierto si la mujer tuviese la formación cultural de la Edad Media, pero desde entonces se ha evolucionado, las mujeres fuimos a las aulas -los hombres cometieron una torpeza muy grande al permitírnoslo porque desde entonces no monopolizan la cultura, y por consiguiente nos situamos ambos sexos en un mismo plano intelectual. No extrañe, pues, a los hombres que las mujeres tratemos públicamente de problemas comunes; vuelvo a decir que la culpa ha sido de ellos por consentir, a través de la historia, la ilustración femenina. Y yo opino que ganaron con ello porque así la eficiencia de las mujeres se extiende más allá de las rutinas domésticas, sin menoscabo de éstas y con evidente provecho, por colaboración en otro orden de actividades, tanto para la familia como para la sociedad.
A través de las páginas de este semanario ifneño -que es señaladamente digno de loa por ver la luz en excelente presentación y saturado de interesantes divulgaciones, a pesar de lanzarse con deficiencia de medios por las dificultades comunicativas y pequeñez geográfica de la localidad en que se edita, (labor que honra y demuestra el celo de su Director) -reflejaré, o mejor dicho, intentaré reflejar, temas femeninos de actualidad constante, sus causas y sus consecuencias, enfocados desde un punto de vista pedagógico y moral; también trataré de asuntos mixtos,            que por el hecho de serlo corresponden a los dos sexos, con exclusión de los privativos de los varones puesto que a ellos incumbe su estudio. Y a propósito de esto también diré que el problema de sexos es harto simple: para los hombres los problemas varoniles, para las mujeres los femeninos, y para ser tratados indistintamente por aquél a quien antes se le ocurran los que sean comunes a ambos géneros.
Como primeras colaboraciones estudiaré en varios números la transcendencia que tiene para la vida hogareña y social la formación adecuada de la mujer. Toda causa tiene principio; toda causa origina consecuencias; y las consecuencias serán, por tanto, análogas a los principios de que proceden; por eso considero que es de interés estudiar los principios que llevan a la mujer a su acertada o negativa actuación frente a las múltiples y variadas situaciones que se le presentarán a lo largo de su vida.

Josefina RIELO DE G. VILABELLA
-.-

A.O.E. 18-2-1962
EL SEÑOR VILABELLA, AL AAIUN

En el avión regular de “Iberia” marchará hoy al Aaiún, acompañado de su señora esposa e hijo, el hasta ahora jefe de Sucursal del Banco Exterior de España en Sidi Ifni, y particular amigo nuestro, don José Gómez Vilabella.
La ausencia del Sr. Gómez Vilabella será sin duda muy sentida entre sus numerosas amistades, ya que durante su larga permanencia en nuestra ciudad ha sabido granjearse, particular y profesionalmente, el sincero afecto de todos quienes le conocemos.
Con motivo de su marcha, la Junta Directiva del Casino de Oficiales -de la que el señor Gómez Vilabella ha sido hasta ahora activo colaborador- interpretando el sentir general de los socios, le ofreció un almuerzo de despedida, al que asistieron numerosos amigos y compañeros del mismo. Ocuparon la presidencia junto al homenajeado el Secretario General del Gobierno, Iltmo señor don José Iglesias de Ussel y Lizana; presidente del Casino de Oficiales, señor Díaz Cuñado, y otras representaciones, así como la totalidad de los funcionarios del Banco Exterior de España en nuestra ciudad, encabezados por el nuevo jefe de esta Sucursal, don José Muro Rodríguez.
Deseamos al amigo Vilabella buen viaje, toda clase de aciertos en su nuevo destino en la capital de la provincia hermana del Sáhara, y que su estancia en aquella ciudad le resulte grata.
-.-






AVILE
Asociación de veteranos de Ifni del Levante Español
-.-

Manuel Jorques Ortiz



Sobre el libro
Libro sobre la Guerra de Ifni a través de un juicio histórico novelado.
Sobre el autor
Posiblemente que don Xosé María Gómez Vilabella es el “civil” con mayor trayectoria en Ifni. Llegó como empleado del Banco en el año 1953, ascendió a apoderado, y estuvo ininterrumpidamente en Sidi Ifni hasta el año 1962, con la categoría de director de la sucursal.
Por lo tanto vivió la “paz” colonial, toda la guerra del 57-58, en la que formó parte del somatén de civiles denominado “el batallón de la gabardina”. Sus vivencias durante aquellos largos diez años las tiene plasmadas en tres libros. Sólo uno de ellos (“Cacería de ciclóstomos en Ifni”) salió en “papel”, pero en gallego. Las otras dos (“Ifnada”) y “Operación cuñada”) sólo pueden obtenerse mediante internet, en donde las tiene “colgadas”. José María acaba de cumplir 80 lúcidos años y reparte su tiempo de jubilado entre A Coruña (su residencia) y una finca agrícola (allí se llama “pazo”) ubicada en la provincia de Lugo.
En sus obras escritas (y dentro de su mente) existe otra “vida”, otro “mundo”, que los soldados de reemplazo no podíamos imaginar: mientras unos (los soldados) estaban en las trincheras, otros (los jefes) estaban en el casino de oficiales bebiendo whisky y jugándose los dineros al póquer.

-oOo-


Xosé María Gómez Vilabella